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Del manuscrito a la libreria
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Acceso al mundo editorial

DEL MANUSCRITO A LA LIBRERIA

En esta película sólo hay un protagonista: el manuscrito. Si la obra tiene fuerza, ha madurado y puede defenderse por sí misma, es el momento de apostar por ella y de lanzarla al ruedo literario. Es entonces cuando se desarrolla el argumento, aparecen los actores secundarios y el resto del reparto. Se acabó el proceso de creación; hay que buscar una editorial que quiera publicarla, y empieza el tortuoso camino de las gestiones.
El manuscrito es la única tarjeta de presentación. El primer paso es vestirlo y adecentarlo lo mejor posible para la burocracia de la industria editorial, como si fuera a una entrevista de trabajo. Antes de emprender la carrera hay que hacer una última revisión del texto para partir con la seguridad de que la obra está bien acabada y pulida.

Acabado del manuscrito
Algunos escritores inexpertos, ansiosos de ver publicada su obra, la envían recién terminada a una editorial, sin revisarla, lo que viene a significar que está cargada de faltas de ortografía y tipografía. Esto es un grave error, ya que las editoriales, que están inundadas de manuscritos, rechazan inmediatamente los que tienen defectos de presentación.
Por otra parte, la obra necesita reposar. Cuando se termina una obra creativa lo mejor es guardarla en un cajón y olvidarse de ella durante unos meses. Se debe esperar el tiempo necesario que permita al autor volver a retomar su texto con una mirada nueva, fresca y mucho más objetiva; esto le permitirá hacer una autocrítica distanciada para volver a corregir el escrito y, si hiciera falta, volver a elaborarlo.
El siguiente paso es entregar una copia de la obra a amigos, familiares o compañeros y pedirles que hagan críticas y puntualizaciones, así como que señalen los errores ortográficos, tipográficos o sintácticos (no sin antes prevenirles contra las descalificaciones generales, las adulaciones y las omisiones). Una vez recogidas todas las anotaciones de los lectores cercanos, se estudian, se cambia lo que se considere conveniente y, con todas las correcciones hechas, se muestra el resultado a un especialista en ortografía y corrección. Finalizado este proceso, es el momento de guardarla en el cajón otro par de meses. 
Cuando se retome la obra ha de ser ya para hacer las correcciones finales: cambiar un verbo, suprimir un adjetivo o modificar una expresión. De esta forma, quedaría lista la presentación definitiva.   

Procesadores de textos
Escribir en un ordenador con un procesador de texto ha facilitado inmensamente el trabajo del escritor y acortado y mejorado el trayecto de la obra a la imprenta. Además de permitirnos ejecutar todas las correcciones del copiar y pegar, suprimir, cambiar el orden de las frases o párrafos, sustituir palabras, etc. en cuestión de segundos, la tecnología ya permite que la obra se pueda enviar directamente en un CD o incluso por Internet, a la editorial y a la imprenta para su publicación. Las herramientas de los procesadores de texto ofrecen muchas posibilidades para el diseño y la edición, incluido un diccionario que detecta y corrige muchas de las faltas ortográficas y tipográficas y señala las posibles incorrecciones sintácticas y gramáticales. Word y WordPerfect son los procesadores de textos más populares, aunque hay muchos más. Características más sobresalientes a la hora de elegir programa: —Autocorrección: corrige automáticamente errores frecuentes ortográficos o de mecanografía, tales como el olvido de las mayúsculas.
—Autotexto: permite acelerar las entradas de texto al expandir elementos basados en abreviaturas.
—Corrector ortográfico incorporado: detecta errores y sugiere correcciones rápidamente.
—Elegir tamaños y estilos de escritura, márgenes, tabulaciones, insertar tablas y gráficos, con sólo hacer un “clic”.
—Presentación preliminar, totalmente editable
—Y, sobre todo, que sea compatible con programas de maquetación tanto en entornos de Macintosh, Windows o algunos de menor circulación. 
Estos programas se complementan con otros de autoedición concebidos expresamente para el diseño y la maquetación de libros, revistas y publicidad. El escritor los podrá utilizar cuando quiera ir más allá de la creación literaria y desee realizar una autoedición. Los software de diseño gráfico más utilizados en la edición española son QuarkXPress, PageMaker e InDesign. Con ellos se realizan la mayoría de periódicos, revistas y libros que salen al mercado.   

Presentación
Sólo hay una regla de oro, y es facilitar la lectura del manuscrito. Hay que presentarlo de la forma más limpia, ordenada y clara que sea posible. Para conseguirlo, se deben respetar las normas estándar internacionales: 
—Escrito a máquina o a ordenador, sin faltas ortográficas ni tipográficas y, por supuesto, sin tachaduras —estos son los errores imperdonables que descalificarían al autor antes de empezar la lectura—.
—Escribir 60 signos por línea (por signos se entiende tanto caracteres como espacios) y 25 líneas por página; el resultado es de 1.500 signos por página.
—Cambiar de página al comienzo de capítulo.
—Escribir los folios por una sola cara, con márgenes a cada lado y con un interlineado doble que permita realizar correcciones y anotaciones.
—Todas las páginas tienen que estar debidamente numeradas.
—El papel debe ser el clásico: blanco y de 80 gramos. Prescindir de papel reciclado, de lujo o de colores.
—Encuadernar el manuscrito, al menos con cartulina, plástico y gusanillo.
—Utilizar la tipografía más sencilla posible para facilitar su legibilidad. Las florituras góticas son incómodas para la lectura y provocan desinterés y cansancio en el lector. No hay que olvidar que el interesado en que el manuscrito se lea es el propio autor.
—Y por supuesto, siempre hay que enviar copias; ¡jamás el original! 

Cubierta:
El manuscrito se tiene que presentar con una cubierta dura, que puede ser de cartulina de 150 a 240 gramos, o un plástico duro.
En la cubierta debe aparecer:
—El título de la obra.
—El género: novela, poesía, relatos, ensayo, etc.
—Nombre, dirección y teléfono.

Escribirlo todo en versales resaltando el título, y utilizar de nuevo la tipografía más sencilla. Un consejo para no meter la pata: no mencionar al editor en la portada (no está bien visto). 

Carta de presentación y currículum
Un manuscrito siempre debe de ir acompañado por una mínima carta de presentación y un currículum vitae.
—La carta debe ser concisa, neutra y educada, y sin caer en las alabanzas gratuitas ni en el peloteo, que siempre resultan empalagosos. Jamás hay que defender el manuscrito, argumentarlo, y mucho menos ensalzarlo (no se trata de contar la propia vida ni de hacer una declaración de intenciones).
—Al editor no le interesan otros detalles que la edad, la profesión y si el autor ha publicado o escrito otras obras.  
Aunque la calidad del libro es la única que determinará su publicación, cuanta más información profesional ofrezca el autor, mejor. A veces alguien puede enviar a una editorial el manuscrito menos adecuado para que se publique (por ejemplo, un libro de cuentos, que en castellano tiene pocas salidas); pero si a la editorial le gusta cómo escribe el autor, y sabe que tiene otros trabajos hechos, se los puede pedir para leerlos. 

Asegurar la autoría
Siempre hay que proteger la autoría de un manuscrito antes de enviarlo a una editorial, y la mejor forma de hacerlo es inscribirlo en el Registro de la Propiedad Intelectual. Es un trámite sencillo que cuesta aproximadamente 15 euros, y que asegura al escritor los derechos sobre su obra, protegiéndole ante posibles o fabulados plagios y robos de propiedad intelectual. 

Envío de la obra a la editorial
Los manuscritos pueden llegar a una editorial (o a una agencia literaria) de dos formas: por correo o entregados en mano. No hay diferencia: llevarlo personalmente no puntúa. En las grandes y medianas empresas no lo va a recoger ni el editor ni el director literario. Lo más cómodo y práctico es enviar una copia de la obra por correo certificado al departamento de recepción de manuscritos. 
Antes de enviar un manuscrito a una editorial hay que elegir aquélla en la que mejor pueda encajar la obra. No es recomendable enviarla a varios sitios a la vez. Lo más coherente es optar por una, esperar a obtener respuesta y, en caso de devolución, intentarlo con otra editorial; y así sucesivamente. 
Por cuestión de eficacia, los autores americanos, en lugar de mandar el manuscrito completo, optan —cada vez con mayor frecuencia— por enviar una sinopsis de la obra acompañada del primer capítulo (que sirve de cebo). Esto agiliza el trabajo del editor y el escritor ahorra en costes de envío; asimismo, la respuesta de la editorial es más rápida: o envía una carta de rechazo o pide el resto del manuscrito (en cuyo caso el autor tendrá más oportunidades, o al menos sabrá que su trabajo puede interesar a la editorial y va a ser leído). 
La sinopsis es un resumen del manuscrito desarrollado en tres o cuatro folios, que nunca se devuelve. Si se trata de un libro de poemas, se envía un índice de los títulos y unas diez poesías. 
En cualquier caso, ésta es una fórmula todavía muy poco utilizada, pues los editores prefieren ver la obra completa. Si incluimos este apartado es con el fin de informar sobre otras posibilidades de “vender” la obra.  

Oportunidades de publicación
Las grandes editoriales afirman tajantemente que todos los manuscritos tienen las mismas oportunidades y que no influyen los amiguismos ni las recomendaciones. Que una novela llegue a través del contacto de algún amigo o familiar, según dicen ellos mismos, no le otorga ninguna garantía de éxito; “lo único que decide es la calidad”. Aunque tampoco era de esperar que fueran a decir otra cosa. 
La tendencia editorial de estos últimos años ha sido generosa con los escritores noveles. Han salido a la luz muchos jóvenes autores y que se están abriendo paso con éxito en el mercado editorial. El público reclamaba gente nueva, primeras novelas y descubrimiento de autores. Pero los responsables de algunas editoriales opinan que se ha publicado demasiado y no todo ha sido bueno, así que ahora tienen más cuidado con la selección; hay que tener en cuenta que las editoriales —que son empresas culturales, pero al fin y al cabo empresas— se niegan a perder dinero y a que los libros se pudran en los almacenes. 
Otras grandes editoriales españolas son más pragmáticas. Para ellas la aparición de firmas nuevas depende de las necesidades de la empresa. Si el mercado es más amplio, se publican más libros y hay más oportunidades para nuevos talentos; pero si se reduce la edición, la editorial ya tiene cubiertas sus necesidades con los escritores más conocidos. 
A pesar de todo, a la industria literaria le gusta descubrir genios y presumir de su apuesta por plumas nuevas. Siempre juegan con la posibilidad de descubrir a la gallina de los huevos de oro.  
Estadísticamente, la realidad es más dura. La probabilidad de publicar que tiene un autor desconocido puede variar desde un dos por mil en las grandes editoriales a un cinco por ciento en las editoriales más pequeñas. 
En realidad, la selección de los elegidos nunca se reduce a una cuestión de suerte; es decir, una obra mediocre en forma y contenido jamás será aceptada por un editor que costee su publicación, pero si se trata de una editorial que trabaja por encargo, y es el autor el que paga la edición, entonces siempre saldrá (aunque seguirá siendo mediocre). 
En cualquier caso, ningún editor que rechace una obra le confesará directamente al autor la pobreza del manuscrito, ya que éste es un cliente potencial. Simplemente le devolverá un formulario de cortesía. 
Cuando se presenta una obra y se tiene la seguridad de que ésta vale la pena, en principio hay que apostar por lo más alto: apuntar directamente a las grandes editoriales, y no desanimarse si lo rechazan. Antes de tirar la toalla, se baja el listón y se intenta con las editoriales medianas y, por último, con las pequeñas (que ofrecen menos reconocimiento pero más oportunidades). 

Criterios de selección
Comité de lectura: El comité de lectura está compuesto por un número variable (entre dos y cinco) de especialistas en literatura —críticos literarios, autores de la casa, eruditos, profesores, etc.—, que se encargan de seleccionar las obras que pueden interesar a la editorial. En las pequeñas editoriales los manuscritos los lee directamente el editor. 
Los criterios literarios utilizados para realizar la selección son casi universales:
—Calidad del estilo y de la obra literaria.
—Interés y sustentación de la historia narrada.
—Brillantez y originalidad de las ideas.
—Ajuste con la línea editorial de la casa. 
Estas pruebas son las que califican para la nota literaria, o lo que es lo mismo, para conseguir el reconocimiento y la aprobación de ese tribunal examinador. Pero la nota definitiva, que es la calificación comercial, la puntúa el editor (que es el que arriesga su dinero en la apuesta). 
En los casos de edición a cuenta del autor, lógicamente no existe este riguroso proceso de selección. Al contrario, las cuentas se invierten. Si una editorial sólo se queda con un 1 por ciento de las obras de escritores inéditos, los editores que trabajan por encargo lo publican prácticamente todo, aunque a veces hagan creer —para estimular el ego del autor— que ellos también tienen un comité de lectura. 

Proceso de selección
El proceso de selección tiene tres fases: 
Primera criba. Se devuelven directamente los manuscritos que no se ajusten a la línea de la editorial. Por eso hay que conocer las editoriales y sus colecciones antes de enviar inútilmente un trabajo. 
Lectura rápida. Se hace una lectura general saltando páginas para ver el estilo y la forma de desarrollar la obra. El examen dura cinco o diez minutos. En esta fase se devuelven el 90 por ciento de los manuscritos, acompañados de una carta prototipo que no hiera la sensibilidad del autor. 
Lectura minuciosa. Uno o varios lectores ajenos a la casa leen el manuscrito y hacen un informe con el resumen de la obra, un análisis y puntualizaciones. Luego la pasan al responsable literario y la obra puede ser leída varias veces antes de superar la criba final, que es la mesa del editor (éste es quien tiene la última palabra). Si finalmente la obra es rechazada, se suele devolver con una carta personalizada.  

Devolución del manuscrito
La selección es dura y pocos la superan. Se asemeja a unas oposiciones: muchos candidatos para pocas plazas. Así que no basta con ser bueno; hay que ser el mejor. En el peor de los casos, cuando el manuscrito no interesa, las grandes editoriales suelen devolver la obra, pero aún así siempre hay que asegurarse, por si acaso, de que enviarán respuesta, para no esperar inútilmente. 
El plazo de devolución varía según la editorial, pero por término general ronda entre quince días y un mes desde la fecha de la recepción. Los plazos se pueden alargar cuando la editorial tiene sobrecarga, pero siempre es un consuelo para el autor ver que su obra no se deshecha directamente. De todas formas, si en ese período no se reciben noticias, se recomienda conceder un tiempo total de espera de unas seis semanas antes de llamarles por teléfono para solicitar información sobre el seguimiento del manuscrito.
Nunca hay que perder la esperanza, porque en algunas ocasiones una editorial se puede interesar por un autor aunque no le publique la obra, y se mantiene en contacto con él para que les envíe los próximos trabajos.  

Contratos
Si a la editorial le gusta la obra y quiere publicarla, localiza al escritor y negocia las condiciones. Aunque se parte de un contrato generalizado y estipulado, siempre se personaliza en cuestión de anticipos y derechos de autor, dependiendo del reconocimiento y la cotización del escritor. A los autores más consagrados les suelen representar agentes literarios que se pelean con la editorial por conseguir las mejores condiciones en la firma del contrato y en los derechos de autor.   

Control del proceso
Cuando la editorial adquiere la obra, ésta pasa por un corrector de estilo que puede hacer sugerencias al autor, pero este último siempre puede imponer su opinión. Normalmente, los autores tienen derecho a cambiar algo o sustituirlo, ver las galeradas, hacer correcciones, y opinar sobre la cubierta y la bibliografía. En todo caso, todo esto depende de la relación existente entre el escritor y el editor, y de lo que hayan estipulado en el contrato.  

Distribución
Cuando el libro sale de imprenta comienza el proceso de distribución, a cargo de una empresa distribuidora o de la propia editorial. Las opciones de promoción de una obra dependen del autor por el que ha decidido apostar un editor. Y las condiciones y tiempo de venta de la obra en las librerías varían en función de los acuerdos bilaterales a los que lleguen los distribuidores y los libreros.   

Agentes literarios
Los agentes literarios funcionan de intermediarios entre el escritor y la editorial. Representan los derechos de autor, se ocupan de buscar al editor idóneo que publique las obras de sus representados, y de negociar los contratos de la forma más favorable para el escritor. Defienden los derechos del autor tanto en España como en el extranjero, y también en las adaptaciones cinematográficas. Conocen el medio en el que se mueven y viven de él. Cobran un porcentaje (variable) de lo que gane su representado. 
Las agencias literarias trabajan tanto con autores reconocidos como con escritores noveles. Reciben manuscritos, los seleccionan y llevan los mejores a la editorial que pueda publicarlos (mirar directorio de agencias y editoriales).  

Autoedición y edición por cuenta del autor
La autoedición es una forma alternativa de publicar una obra. El autor, en lugar de vender su manuscrito a una editorial, se autofinancia él mismo la publicación. Según sus necesidades, tiene varias opciones: llevar su obra ya preparada a una imprenta, contratar unos servicios editoriales (ver directorio de «servicios editoriales») o pagar a una editorial que trabaje por encargo (buscar en «editoriales»).  
A veces, a los autores les interesa publicar bajo el nombre de una editorial, que además de contar con la ventaja de tener organizado todo el proceso editorial, les puede servir de respaldo y garantía. Pero antes de optar por esta fórmula, hay que pedir presupuestos y calcular los gastos, ya que de otra forma se corre el riesgo de que la editorial abuse de los fondos monetarios del autor. 
Cuando un escritor decide llevar su manuscrito a una editorial que trabaja por encargo, ésta recibe el original y hace una selección previa para que se adapte a su línea de publicaciones y a la calidad de la editorial. Si el autor y el editor llegan a un acuerdo, firman un contrato de encargo donde se fija el número de ejemplares y se acuerda la forma de distribución (el autor se puede quedar con todos los ejemplares, para distribuirlos él mismo, o puede repartirlos mediante los mecanismos habituales de la editorial). 
Con esta fórmula el autor paga todos los gastos de la edición (maquetación, corrección de pruebas, impresión y encuadernación), y tiene derecho a ver todas las pruebas, a modificarlas y a decidir sobre la portada y presentación (aunque es la editorial la que le prepara las opciones).
El editor, por su parte, se encarga únicamente de las labores de edición, y no arriesga dinero en el proceso, ya que asume que la obra no es comercial y no tiene asegurada la venta.   

Cauces alternativos
Una creación literaria se puede difundir y distribuir de maneras muy diferentes, al margen de la industria tradicional. Hoy la forma más fácil y barata es a través de Internet. Y además queda disponible para cualquier que quiera llegar a ello en cualquier rincón del mundo. Las otras opciones más tradicionales son las clásicas fotocopias, libretos, revistas, fanzines y libros colectivos, etc.   

La ' prueba de fuego ' de la segunda publicación
Publicar un libro no significa la consagración, ni muchísimo menos. La prueba de fuego consiste en «colocar» el segundo, que puede ser tan difícil o más que el primero. ¿Por qué? Aunque un escritor consiga publicar un libro, tiene un 60 por ciento de posibilidades de quedarse en el olvido. La editorial realizará un mínimo trabajo rutinario de servicios de prensa y difusión, pero no promocionará la obra ni la presentará en eventos especiales; esa inversión publicitaria prefieren realizarla con los escritores más cotizados. Por otra parte, puede ocurrir que la segunda obra esté menos trabajada que la primera, en cuyo caso la editorial será más reticente a publicarla. 
El resultado comercial del primer libro definirá en la mayoría de los casos las publicaciones sucesivas. Importa más la cuantía de las ventas que el talento de la nueva revelación; incluso a veces a un editor le interesa tanto o más un autor con gancho que la calidad literaria de su obra. Es decir, los escritores tímidos y apagados son los menos atractivos para los editores, que intentan promocionar tanto una obra como a su autor (ya que ambos, de alguna forma, le pertenecen). 
En cualquier caso, cuando una editorial se niega a publicar la segunda novela de su joven talento, éste tendrá muchísimas dificultades para encontrar otros editores que se la compren, pues éstos desconfiarán de su calidad y de los posibles resultados, pensando que, si en la editorial de partida no le han vuelto a publicar, es que algo no marcha bien. En definitiva: un título sin ventas no es el mejor currículum para probar suerte entre las grandes empresas, aunque siempre se puede intentar con las medianas y pequeñas editoriales.




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