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Por
primera vez en nuestro país se realiza la traducción
de esta obra de Annie Dillard. En ella, la autora nos habla
su oficio y lo hace con voz pausada, a la vez que despliega
una gran carga de pasión.
Una
de las pocas cosas que sé acerca de la escritura es
ésta: gástalo todo, dispáralo a bocajarro,
piérdelo sobre la marcha, una y todas las veces que
sea preciso. No conserves lo que parece provechoso para más
adelante, para otra fase del libro: dalo, dalo todo, dalo
ahora. El impulso de reservar algo bueno para un lugar aparentemente
mejor es la señal que se necesita para gastarlo ahora,
sin tardanza. Ya aparecerá algo distinto, puede que
mejor, más adelante. Estas cosas se llenan por detrás,
por abajo, como el agua de un pozo. Del mismo modo, el impulso
de guardar para uno lo que ha aprendido no sólo es
vergonzoso, sino que es destructivo. Todo lo que no dé
uno libre y abundantemente termina por perdérsele.
Uno abre un buen día la caja fuerte y se encuentra
con cenizas.
La
palabra escrita es débil. Son muchas las personas que
prefieren la vida. La vida mueve la sangre en tus venas. Huele
de maravilla. Escribir es la mera escritura, la literatura
es poca cosa. Apela únicamente a los más sutiles
sentidos -la visión y el oído de la imaginación-,
al sentido de la moral, al intelecto. Esta escritura a la
que te entregas, y que tanto te emociona, que tanto te conmueve
y te alboroza, casi como si estuvieras bailando junto a la
banda de música, es apenas audible para cualquier otra
persona. El oído del lector ha de ajustarse, rebajarse,
para pasar del estruendo de la vida a la sutileza de los sonidos
imaginarios que se desprenden de la palabra escrita.
Annie
Dillard
Annie
Dillard nació en 1945. Se graduó en 1968
en Literatura Inglesa con una tesis sobre Thoreau, el autor
de Walden o la vida en los bosques. Tras un ataque de neumonía
en 1971, pasó un año viviendo en Tinker Creek,
un lugar rodeado de bosques, montañas y vida animal.
El diario de sus experiencias se convirtió en el inclasificable
Pilgrim at Tinker Creek, por el que recibió el premio
Pulitzer en 1975. Un libro de sentido teológico, producto
de una "promiscuidad espiritual", con referencias
cristianas, budistas, sufistas, hasidíes o esquimales.
Ha escrito numerosos libros de ficción, de poesía
y de crítica literaria como Living by Fiction.
Vivir, escribir (The Writing Life) es una apasionada y brillante
descripción de la tortuosa tarea del escritor.
Annie Dillard se casó con su profesor de escritura
creativa cuando estudiaba Literatura y Teología en
el Colegio Hollins en Virginia. A lo largo de los años
se ha divorciado y vuelto a casar en varias ocasiones.
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