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El oficio de escritor
es una selección de textos de los más importantes autores
sobre la práctica literaria. Además de un placer para cualquier
buen aficionado a la literatura, este libro será una valiosa
herramienta de aprendizaje y reflexión para todos aquellos
interesados en la escritura creativa.
Se
han elegido sobre todo a escritores de Europa y América de
los siglos XIX y XX que han cultivado principalmente el relato
y la novela, desvelando el misterioso arte de contar historias.
-Textos
de Conrad, Rilke, Kafka, Flaubert, Borges, Simenon, Woolf,
Duras, Pessoa, Onetti, Faulkner, García Márquez, Nabokov,
Rulfo, Highsmith, Proust, Bioy, Bernhard, Monterroso, Carver,
etc...
«Papeles.
Cuentos. Novelas. Poesías. Diarios. Cartas. Papeles. Laberintos
de papel. Papeles siempre a cuestas. Garabatos de tinta en
el viaje, en el despacho, en la casa familiar, mientras los
niños corren por el jardín. Papeles junto a la mesilla de
noche, al lado de la taza de café, en el dormitorio o en la
cocina.
Papeles inacabados, siempre inacabados. Los escritores nunca
están satisfechos, siempre en el camino, mirando el mundo
entre visillos, cargando con el peso de cien años de soledad.
Mañanas, largas tardes, noches en vela. Días enteros en las
ramas. Entre la vigilia y el sueño.
Obsesionados. Felices o desgraciados, pero siempre obsesionados
por captar con palabras aquello que ven, que miran, que sueñan.
Como si un Dios les hubiera dotado con la virtud dañina del
desasosiego, o un hada les hubiera concedido el deseo temible
de no ser uno, sino varios, de luchar siempre contra sus muchos.
Todos distintos y todos iguales.
Sólo entienden el mundo si lo escriben. Sólo si inventan la
realidad la comprenden.
Esos laberintos de papel que viven más allá de ellos, tienden
puentes entre padres e hijos, recrean un continente de palabras
que, poco a poco, dibuja el rostro de la literatura. «Un hombre
se propone la tarea de dibujar el mundo —dice Borges—. A lo
largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias,
de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de
peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos
y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente
laberinto de líneas traza la imagen de su cara». Así, todos
los escritores, con sus vidas, con sus frustraciones, sus
alegrías y sus espantos, han construido un rostro, un mapa
de los deseos.
Esperamos con este libro darles los planos del tesoro, ese
lugar adonde llevan todos los caminos, todas las huellas,
ese lugar donde se esconden en un viejo cofre, tocadas por
mil manos y aún nuevas, las palabras.»
del
Prefacio de Ana Ayuso
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